Cuando Sir James Matthew Barrie tenía 6 años, perdio a su hermano David - el favorito de su madre - en un trágico accidente de patinaje. Ella nunca lo superó y ,cada vez que James entraba en la casa,preguntaba: "David,¿eres tú?,¿Puedes ser tú?" sin embargo, cuando advertía que era James, añadía "Ah...sólamente eres tú"
El pequeño J.M. Barrie dejó de crecer a los 12 años y alcanzó la edad adulta sin medir más de 1,47 m. pero el hecho de haber padecido esa extraña enfermedad neurológica - enanismo psicogénico - no le impidio graduarse en la Universidad de Edimburgo y convertirse en un gran periodista, dramaturgo y regalarnos su maravillosa novela "Peter Pan y Wendy".
"Para llegar a Nunca Jamás debes girar en la segunda estrella a la derecha" - escribio J.M Barrie una vez - " y seguir volando hacia el amanecer"...a mi siempre me ha parecido que un lugar así debe de oler a infancia y salitre, a brisa de acantilado y brea en la cubierta de un bajel pirata pero ,la verdad, dudo mucho de que aparezca en los GPS ( actualizaciones del Tom-Tom incluídas).
Asi que os propongo mi propia lista de lugares primos lejanos de Nunca Jamás - de ahi la acotación (I) en el titulo de este post...amenazo con futuras secuelas si la taquilla es buena - sitios en los que refugiarse de galernas que salpican preocupaciones,parajes de esos en los que la frontera entre la madurez y la infancia flirtea ,peligrosamente,con la anorexia, lugares en los que ,ojalá, nos pille - confesados - el fin del mundo.
Y,lo creaís o no,el primero de esos paraisos privados es una cancha de baloncesto...si,si: un "vulgar" playground de hormigón con dos canastas viejas situado en el triángulo de las Bermudas que dibujan las calles Zagueras,Nafarroa y el Barrio Orduñés de San Francisco.
Os preguntareis qué hace de una cancha de baloncesto un lugar tan mágico y supongo que la mejor explicación que puedo ofreceros es la concentración...es algo asi como el oro,no? presente en muchas rocas en una proporción tan pequeña que le hace carecer de valor pero eterno candidato a alquilar un ático en Tifany´s si la concentración es alta.
Pues con esa vieja pista de deportes pasa lo mismo: es tal la concentración de momentos hermosos, miradas,lecciones,partidos memorables,verdades doliendo a quemarropa y noches de verano las que he vivido alli que ojalá cupiese en un escaparate de joyeria en la quinta avenida solo por ir a mirarla y mascullar ,entre dientes, " ¡Joder,es tan cara que no puedo comprarme ni su reflejo!"
La primera vez que fuí allí tendría,más o menos, la misma edad que J.M. Barrie cuando se negó a seguir creciendo: con aquel balón de baloncesto tricolor y mis primeras llaves de casa - anudadas al cuello con un cordón de Fer-gar azul -era el niño más feliz del mundo o, al menos, lo fuí durante 5 minutos (que fue el tiempo que tardé en perderlas en un arenal cercano).
Si cierro los ojos con fuerza, aún puedo ver a mis padres, refunfuñando mientras las buscaban ,una a una,en aquella especie de "embajada de la playa" en la que los chavales de Orduña diseñabamos,a base de arena , efímeras montañas rusas para canicas: intentar quedarse con mis llaves fue el primer aviso de un lugar que siempre hizo oposiciones para ser "algo así" como mi segunda casa.
Y pasaron años y años de partidos contra mi hermano y mis mejores amigos...de fintas,triples y reversos a 30 grados ó a 1 bajo cero,de esguinces en el ánimo,de Wendys en forma de veraneante de la que estaba locamente enamorado,de nostalgia y canciones de Itoiz derrapando por la curva de Nafarroa en verbenas de verano...siempre allí, siempre juntos...torciendo en la segunda estrella a la derecha según venias de Gran Vía.
¿Y sabeis qué? En todo este tiempo, siempre he creido que aquel lugar "cuidaba" realmente de mi: sólo así se explica que fuese un auténtico desastre en mi equipo de baloncesto - en el que mis triples siempre daban "el cante" contra el tablero en lugar que pasar por el aro - y ,en cambio, cada triple,entrada a aro pasado,cada sky hook disfrazado de Abdul Jabbar terminase ,allí,en canasta... y siempre cuando nadie más podía verlo... aquel conjunto de cemento y tableros de aglomerado con el único cáncer de la carcoma,de pinos sudando resina en verano y césped seco ,simplemente,me dejaba ganar como quién se tira al suelo acribillado por los disparos imaginarios de un crío y su pistola de juguete.
Pero no creaís,que en todos estos años ambos hemos cambiado: me volví algo más cínico,dicen que tengo algunas canas ,de polizón, en la barba y la báscula ya no es tan obediente como antes. En cuanto a ella,desparecieron el arenal y aquellos altos setos trufados de espinas que la rodeaban y en los que palmaron no menos de 7 balones míos: Mycasa,Molthen,Spalding...daba igual porque a todos los acuchilló esa conjura "judeo-masónica" - que nunca pude probar - entre arquitectos municipales y fabricantes de balones.
Ahora hay tableros antivandálicos y una fuente como esas de los institutos americanos por la que no pasa el quaterback y la jefa de las animadoras sino toda una vida antes de saciar tu sed porque apenas sale agua...y se hacen botellones - dios los salve - en Otxomaio y la peña la ha convertido en una especie de picadero para darse el lote - otra aplicación verdaderamente interesante - pero su esencia sigue intacta...igual hoy que entonces.
Porque estoy convencido de que ,bajo su epidermis de asfalto, vive la arena de playa que buscaban en Mayo del 68, porque algunas noches de luna llena fijo que aún se escuchan - bajito- los acordes de aquel "Aitormena" de Hertzainak y porque ,si J.M. Barrie pudiese coser la sombra de Peter Pan a Orduña,seguro que la hacía jugar de ala-pivot allí,a nuestro lado.
Tienes la capacidad de llegarme al corazón y hacerme imaginar de un modo intenso aquello que tú sientes.
ResponderEliminarAgradezco que pongas en palabras momentos sublimes de puro cotidianos, brillantes por cómo han sido sentidos, y enriquecidos por tu castellano en no sé cuantas palabras.
Te siento más cercano porque has abierto una puerta.
Te quiero porque quieres a mi mitad.
Precioso sitio, preciosos recuerdos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Simplemente genial. Un besazo
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